ABRAZANDO TIERNAMENTE A NUESTRA NIÑA INTERIOR
“Un círculo de mujeres te ayuda a encontrar el río de tu vida y te apoya en el proceso de entregarte a su corriente” – MARIAN WOODMAN
En nuestra infancia fuimos vulnerables a ser lastimadas debido a nuestra dependencia de los adultos que estaban a cargo de nuestro cuidado, por lo que los primeros años de nuestra vida son decisivos para nuestra posterior salud física, emocional y relacional.  La atmósfera afectiva en la que nos  desarrollamos, las necesidades que fueron cubiertas y las que no, dejan huella en nuestro inconsciente y en la memoria de nuestro cuerpo.

Al nacer y en los primeros años de vida, la niña vive con todo su ser, con toda su verdad, sea ésta la que sea: ríe, llora, patalea, tiembla…sin sentimiento de culpa, ni de rechazo, ni de abandono, ni vergüenza alguna.

Pero poco a poco el entorno comienza a rechazar ciertas actitudes, expresiones y emociones, por lo que de alguna manera empezamos a sentirnos indignas, inadecuadas,  no lo “suficientemente buenas” para ser amadas. Muchas de las necesidades básicas no pudieron ser cubiertas: la necesidad de ser amadas incondicionalmente, con nuestro miedo, ira, tristeza…, a menudo no recibimos contacto físico amoroso y respetuoso, no recibimos límites, claros y cuidadosos, no nos sentimos aceptadas tal y como éramos.

Cada una de nosotras aprendió a sobrevivir de diferentes maneras, y fue así como se instalaron patrones de comportamiento y de relación, que repetimos de manera inconsciente y automática haciendo que las carencias de nuestra infancia sean heridas presentes que crean en nuestra edad adulta, reacciones y actitudes que contaminan nuestra vida.

Sin embargo, no sólo hay heridas en esta niña, sino también una gran fuerza vital, creatividad y espontaneidad, que hemos ido apagando, reteniendo y sofocando y que están ahí esperando para salir a la luz.

No se trata de buscar culpables, nuestros padres y madres, hicieron lo que pudieron o supieron, ya que  ellos también fueron niños y niñas heridas. Este entendimiento nos da la oportunidad de salir del victimismo y del reproche, para poder reconocer y amar lo que fue y lo que no fue, y poder así tomar la responsabilidad ahora de nuestras necesidades y nuestro crecimiento.

Allí donde están nuestras carencias están también nuestras potencialidades de crecimiento.

En este taller os invitamos a reconocer a esta niña, mirarla con amor y escucharla, está deseando mostrarse. Recuérdala, acógela y sánala.